Un padre ofreció dinero a una mesera para fingir ser la madre de su hija, pero ella hizo algo inesperado

Había pensado muchas veces qué responder.

No quería borrar el pasado de Sofía.

Tampoco quería hacer que la niña sintiera que la relación entre ambas era menos verdadera.

—Yo soy tu Mariana —dijo suavemente—. Tu primera mamá siempre será tu primera mamá. Nadie va a quitarle ese lugar.

Sofía escuchaba en silencio.

—Pero yo también te quiero. Estoy aquí contigo y quiero seguir estando.

La pequeña pensó unos segundos.

—Entonces tengo dos mamás.

Mariana sonrió.

—Puedes sentirlo como tú quieras.

Sofía señaló hacia arriba.

—Una que ya no está aquí.

Después tocó el hombro de Mariana.

—Y una aquí.

Mariana la abrazó.

A pocos metros, Alejandro observaba la escena.

Y por un instante volvió mentalmente a aquella mesa número siete.

Recordó la vergüenza que sintió al acercarse a una desconocida.

Recordó la cartera en su mano.

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