Un policía me detuvo al salir del hospital, rompió el estetoscopio de mi abuela y exigió dinero para dejarme ir; cuando encontró mi identificación militar, dejó de sonreír, pero todavía ignoraba lo que las cámaras habían registrado durante aquellos minutos

Solís quedó detenido por los hechos que los intervinientes pudieron documentar. El procedimiento continuó ante las autoridades correspondientes.

Mi identificación militar llamó la atención.

La grabación sostuvo lo que yo había denunciado.

Durante los días siguientes me preguntaron varias veces por qué no le había dicho desde el principio que era capitana retirada.

Respondí siempre lo mismo:

—Porque mi trabajo, mi apellido o mi grado no eran una condición para que respetara mis derechos.

La investigación siguió adelante.

Yo entregué las notas que había reunido, siempre aclarando cuáles eran relatos de otras personas y qué podía afirmar por experiencia propia.

Los investigadores entrevistaron a quienes aceptaron hablar. Buscaron documentos, contrastaron fechas y revisaron quejas anteriores.

Algunas personas se retiraron por miedo.

Otras pidieron tiempo.

No todos estaban preparados para revivir una detención en una oficina.

Don Aurelio llegó acompañado por su esposa.

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