Un policía me detuvo al salir del hospital, rompió el estetoscopio de mi abuela y exigió dinero para dejarme ir; cuando encontró mi identificación militar, dejó de sonreír, pero todavía ignoraba lo que las cámaras habían registrado durante aquellos minutos

Lo reconocí.

Diego Fuentes.

Habíamos coincidido durante una misión de ayuda años atrás. Ahora era abogado y trabajaba en la capital del estado.

Solís siguió mi mirada.

Diego bajó el teléfono y habló con una firmeza que atravesó el calor de la carretera.

—Isabel, ya reporté lo que está pasando. Hay apoyo en camino.

El agente soltó mi cartera.

Y por primera vez desde que me detuvo, empezó a buscar testigos.

Había mirado la carretera varias veces.

Hasta entonces lo había hecho para comprobar que estaba solo.

Ahora parecía desear que alguien hubiera visto una versión distinta.

—Esto es una revisión de tránsito —dijo.

Diego permaneció a distancia.

—Estoy viendo a una persona pedir que le devuelvan sus documentos.

Solís levantó mi identificación.

—No me informó quién era.

Sentí que el cansancio se me convertía en una claridad dolorosa.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *