Un policía me detuvo al salir del hospital, rompió el estetoscopio de mi abuela y exigió dinero para dejarme ir; cuando encontró mi identificación militar, dejó de sonreír, pero todavía ignoraba lo que las cámaras habían registrado durante aquellos minutos

Diego había llamado al servicio de emergencias y contactado a la fiscalía donde previamente habían recibido información sobre las denuncias del camino del Encinal.

La llegada de apoyo no resolvió el caso.

Impidió que aquella escena continuara sin control.

Una agente se acercó a mí.

Se llamaba Laura Méndez.

—¿Necesita atención médica?

Le mostré las marcas del brazo y expliqué lo ocurrido.

Habló con voz tranquila. Me pidió que me colocara bajo la sombra mientras otro compañero escuchaba a Diego.

Solís empezó a contar que yo había intentado ofrecerle dinero.

Aquello me hizo cerrar los ojos.

Claro que iba a decirlo.

Laura me preguntó si había alguna grabación.

Señalé la cámara.

No sentí triunfo al hacerlo. Sentí un alivio tan grande que tuve que apoyar la mano sobre el coche.

Los agentes preservaron el lugar y documentaron lo que encontraron. El dinero, mis documentos y el estetoscopio roto quedaron registrados.

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