—¿Sigues trabajando?
—Un poco.
—¿La señora estará bien?
Alejandro apoyó la espalda en la silla.
—Espero que sí.
Valeria se quedó pensando.
—Dijo que hacía pasteles.
—Sí.
—Podríamos comprarle uno.
Alejandro sonrió.
—Podríamos.
—Así gana dinero.
La niña bostezó.
—Buenas noches, papá.
—Buenas noches.
Valeria salió.
Pero aquella frase se quedó con él.
“Así gana dinero.”
A la mañana siguiente, Alejandro hizo varias llamadas.
No buscó a Mariana para entregarle una enorme cantidad de dinero sin condiciones.
Quería saber si el sueño que había mencionado era real.
Una semana después, Mariana estaba sirviendo desayunos en la fonda cuando su encargada se acercó.
—Mariana, preguntan por ti.
—¿Quién?
—No sé.
En una mesa había un hombre de mediana edad con una carpeta.
Mariana se acercó con cautela.
—¿Me buscaba?
—¿Mariana Ruiz?
—Sí.
El hombre explicó que representaba a un pequeño grupo privado que estaba acondicionando varios locales comerciales.