Una madre devolvió el pavo porque no podía pagarlo, pero una niña desconocida vio sus lágrimas y actuó

Mariana se marchó pensando que nunca volvería a verlos.

Alejandro también pensó que aquel sería el final.

Pero esa noche, sentado frente a una mesa llena de documentos, volvió a recordar el supermercado.

Intentó trabajar.

No pudo.

Recordó el pavo que Mariana había devuelto.

La manera en que había rechazado su ayuda la primera vez.

La frase de Sofía.

“Yo puedo no pedir regalo.”

Y, sobre todo, recordó a Valeria.

—¿Podemos ayudarla?

Alejandro se quedó mirando la pantalla de su computadora.

Durante años había pensado que cumplir con sus responsabilidades era suficiente.

Pagaba correctamente a sus empleados.

Ayudaba económicamente a familiares cuando lo necesitaban.

Nunca se consideró una mala persona.

Pero casi todo lo hacía mediante números.

Transferencias.

Correos.

Autorizaciones.

Raramente conocía las historias que había detrás.

Valeria apareció en la puerta de su despacho.

Llevaba pijama y sostenía un vaso de agua.

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