Una marca en la espalda destapó el secreto que su familia ocultó-aurelle

—Ya lo vi.

—Yo también.

—Perdóname.

Miré a Mateo dormido en el portabebé junto a la mesa.

—¿Qué parte?

Ricardo no respondió.

—¿Acusarme? ¿Dejarme sola? ¿Negarte a cargarlo? ¿Decirme que no podías entrar a tu propia casa con él?

—Todo.

—No se arregla con una llamada.

—Lo sé.

—No creo que lo sepas todavía.

Se oyó respirar del otro lado.

—Quiero verlo.

—Primero quiero saber qué vas a decirles a tus hijas.

—La verdad.

—Entonces empieza por ahí.

Ricardo fue a casa de Patricia esa tarde porque las niñas estaban allí unas horas.

Yo no estuve presente, pero Sofía me contó después que su papá se sentó con ellas y reconoció que había cometido un error muy grave con Mateo y conmigo.

No habló de infidelidad.

No mencionó a Javier.

Sólo les dijo algo que sí les correspondía saber: se había ido cuando debía quedarse.

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