—Desde antes de que tú nacieras.
Ricardo se echó hacia atrás.
Patricia ya conocía una parte, pero no toda.
Su madre explicó que el padre de Ricardo había admitido la relación con la mamá de Javier cuando ella quedó embarazada, aunque nunca aceptó públicamente la posibilidad de ser el padre.
Años más tarde, cuando Javier era niño, la mujer volvió a buscarlo.
Quería una prueba.
Él se negó.
La mamá de Ricardo lo supo.
Y decidió quedarse.
No por desconocimiento.
Por miedo a romper su propia familia, por dependencia, por vergüenza y por una idea de proteger a sus hijos que terminó condenándolos a crecer dentro de una mentira que ni siquiera conocían.
—Tu papá me hizo prometer que jamás se los diría —dijo.
Ricardo señaló las hojas.
—Y cumpliste.
—Pensé que era lo mejor.