Pero explicaba por qué la misma característica podía existir en dos ramas que, oficialmente, no tenían ninguna relación.
Y también dejaba claro algo mucho más grave: Ricardo había usado una coincidencia física como sentencia antes de conocer ni siquiera la mitad de la historia de su propia familia.
—Quiero una prueba —dije.
La mamá de Ricardo respondió casi de inmediato.
—Mariana, eso puede destruir muchas cosas.
—Ya destruyó muchas cosas.
Mi voz salió tranquila.
Eso me sorprendió más que cualquier grito.
—La diferencia es que ahora quiero saber cuáles eran verdad.
Esa tarde Ricardo no volvió.
Tampoco contestó mis llamadas.
Patricia sí siguió escribiéndome, primero para preguntarme por Mateo y después para decirme que había hablado con su hermano.
Según ella, Ricardo estaba convencido de que todos buscábamos una explicación para cubrirme.
Ni siquiera la posibilidad de que Javier tuviera un vínculo con su familia le pareció suficiente.