—Dice que eso no cambia nada —me escribió Patricia.
Yo miré a Mateo dormido y respondí:
—Entonces que se haga la prueba.
Al día siguiente, cuando por fin apareció en el hospital, yo ya estaba vestida para salir.
Mi hermana doblaba la cobijita de Mateo mientras una enfermera revisaba los últimos papeles.
Ricardo se quedó junto a la puerta.
No se acercó a la cuna.
—Patricia me contó la historia —dijo.
—No es una historia.
—Tú sabes a qué me refiero.
—Sé perfectamente a qué te refieres desde que dijiste que Mateo no era tuyo.
Se pasó una mano por la cara.
Parecía no haber dormido.
Durante otra etapa de nuestra vida, verlo así me habría hecho querer consolarlo.
Ese día sólo pensé que yo había pasado la noche cuidando al bebé que él se negó a tocar.
—Haré la prueba —dijo.
Mi hermana dejó de doblar la manta.