Ricardo miró su taza.
—Porque aquella noche me avergoncé de mí mismo.
—No entiendo.
Él guardó silencio durante unos segundos.
—La mamá de Sofía murió hace dos años.
Mariana nunca había preguntado.
Había notado que no había una mujer junto a Ricardo, pero pensó que quizá estaban separados.
—Lo siento mucho.
Ricardo asintió.
—Se llamaba Laura.
Se quedó mirando el café.
—Murió en un accidente de carretera. Sofía viajaba con ella. Mi hija no tuvo lesiones graves, pero Laura no sobrevivió.
Mariana dejó la taza sobre la mesa.
—No sabía.
—Durante casi un año hice todo lo que se suponía que debía hacer. Trabajaba. Pagaba cuentas. Cuidaba a Sofía. La llevaba a la escuela. Cocinaba. Respondía correos.
Levantó los ojos.
—Pero no estaba realmente viviendo.
Mariana entendía perfectamente aquella sensación.
—Laura ayudaba mucho a otras personas —continuó Ricardo—. No porque tuviera muchísimo tiempo. Simplemente encontraba la forma.