Una niña abrazó a una joven descalza en Nochebuena, pero nadie imaginaba lo que ocurriría después

Mariana escuchaba y asentía.

No sabía cuándo había sido la última vez que había participado en una conversación tan normal.

Ricardo manejaba en silencio.

De vez en cuando miraba por el espejo retrovisor.

Veía a Sofía hablando con Mariana como si se conocieran desde siempre.

Y algo dentro de él comenzaba a moverse.

La casa de Elena estaba en una colonia tranquila, a unos veinte minutos del centro.

Era amplia, pero no lujosa.

Tenía una pequeña entrada llena de macetas, luces navideñas en las ventanas y una mesa larga que podía verse desde la sala.

Cuando llegaron, Mariana se quedó dentro del automóvil.

—Ricardo…

—¿Qué pasa?

—Creo que fue una mala idea.

—¿Por qué?

—No pertenezco aquí.

—Eso lo decides después de entrar.

—Voy a arruinar la cena.

Ricardo abrió la puerta.

—Confía en mí.

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