Sofía ya había salido corriendo.
—¡Abuela!
Elena apareció en la entrada.
Tenía 66 años, cabello corto con muchas canas y un delantal cubierto de pequeñas manchas de salsa.
—¡Por fin! Pensé que…
Se detuvo al ver a Mariana.
Ricardo comenzó a hablar.
—Mamá, ella es Mariana. La encontramos…
Elena ni siquiera dejó que terminara.
—Hija, entra. Estás helada.
Mariana parpadeó.
—Señora, yo…
—Elena.
—No quisiera molestar.
—Lo único que me molestaría sería que siguieras allí parada.
Y eso fue todo.
No hubo preguntas incómodas.
Nadie exigió explicaciones.
Elena la llevó directamente a una habitación del segundo piso y abrió un armario.
—Mi hija dejó aquí varias cosas. Creo que tienen más o menos la misma talla.
Sacó unos pantalones, una blusa sencilla y un suéter.
Después colocó unas pantuflas junto a la puerta del baño.
—Puedes bañarte. Tómate todo el tiempo que necesites.