Una niña sin hogar enseñó álgebra a mi hija tras una reja, pero lo que descubrí después me dejó sin palabras

Regresé a casa entendiendo que yo también la necesitaba.

Porque a veces la persona capaz de enseñarte la lección más importante no está detrás de un escritorio.

A veces está al otro lado de una reja.

Con los zapatos gastados.

Un cuaderno que alguien más tiró.

Y unas ganas enormes de compartir lo poco que pudo aprender.

Sólo tienes que detenerte el tiempo suficiente para verla.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *