—Usted perdió a su hijo. Yo perdí a mis padres. Déjeme trabajar sus tierras.-lbsuong

A la siguiente semana vendieron ocho.

Un mes después, varias familias esperaban específicamente los productos de La Esperanza.

Las cosas comenzaban a mejorar.

Hasta que llegó la sequía.

Durante veintitrés días no cayó una sola gota de lluvia.

El nivel del pozo descendió.

Los pastos se volvieron amarillos.

Las hojas del maíz comenzaron a doblarse.

Camilo miraba cada tarde el horizonte esperando nubes que nunca llegaban.

—Perderemos la mitad —dijo una noche.

Facundo permaneció silencioso.

—Tal vez más.

Camilo golpeó la mesa.

—Tiene que existir otra fuente de agua.

Facundo miró hacia la ventana.

—Había una.

Camilo levantó la cabeza.

—¿Dónde?

El viejo tardó en responder.

—En la parte norte.

Aquella zona llevaba abandonada desde la muerte de Gabriel.

Camilo nunca entendió por qué Facundo evitaba pasar cerca.

Ahora finalmente lo comprendió.

—Gabriel estaba construyendo un depósito allí.

Camilo sintió inmediatamente esperanza.

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