—Entonces podemos terminarlo.
—No.
—Don Facundo.
—Dije que no.
Camilo se levantó.
—¿Prefiere perder los cultivos?
Facundo golpeó la mesa.
—¡No entiende!
—Entonces explíqueme.
El anciano apretó ambos puños.
—Fue el último proyecto que hicimos juntos.
El silencio llenó la cocina.
—Trabajamos durante meses —continuó Facundo—. Nunca lo terminamos porque comenzamos aquella maldita discusión.
Camilo habló con suavidad.
—Quizá por eso debemos terminarlo.
Facundo levantó los ojos.
—No toque ese lugar.
Camilo salió sin responder.
Aquella noche no durmió.
Pensó en sus propios padres.
Su madre murió primero.
Una enfermedad rápida que convirtió tres meses en una despedida demasiado corta.
Su padre sobrevivió menos de un año.
Después Camilo perdió la pequeña parcela familiar por deudas acumuladas.
Había caminado durante semanas buscando trabajo porque no soportaba quedarse mirando tierras que ya pertenecían a otra persona.
Comprendía el dolor de Facundo.