Regresó con más dinero del que Facundo esperaba.
Pero todavía faltaba mucho.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Una mujer llamada Elena Ríos llegó a la finca.
Tenía cuarenta años, cabello oscuro y una expresión tan seria como la de Facundo.
Camilo la encontró parada frente al corredor.
Facundo parecía haber visto un fantasma.
—¿Qué haces aquí?
Elena cruzó los brazos.
—Bonita forma de recibir a tu nieta.
Camilo miró al anciano.
Facundo nunca había mencionado tener una nieta.
Elena era hija de Gabriel.
Después de la muerte de su padre, su madre la llevó a otra ciudad.
Las discusiones familiares habían terminado separándolos completamente.
Durante once años, Elena y Facundo apenas habían hablado.
—Me dijeron que estás perdiendo la finca —dijo ella.
Facundo endureció la expresión.
—No necesito caridad.
Elena soltó una risa sin alegría.