—Usted perdió a su hijo. Yo perdí a mis padres. Déjeme trabajar sus tierras.-lbsuong

Sobre sus rodillas descansaba el sombrero de Gabriel.

Camilo se acercó.

—¿Qué rompió ahora?

—Mi paciencia.

Camilo sonrió.

—Eso nunca estuvo entero.

Facundo soltó una carcajada.

Después se quedó serio.

—Siéntese.

Camilo obedeció.

Facundo sacó unos documentos.

—Quiero cambiar el testamento.

Camilo frunció el ceño.

—Eso debería hablarlo con Elena.

—Ya lo hice.

El anciano colocó los papeles sobre la mesa.

—La mitad de La Esperanza será de ella.

Camilo asintió.

—Eso es justo.

Facundo continuó.

—La otra mitad será suya.

Camilo creyó haber escuchado mal.

—No.

—No era una pregunta.

Camilo se levantó.

—No puedo aceptar eso.

—Claro que puede.

—Llegué aquí sin nada.

—Precisamente.

Facundo señaló los campos verdes.

—Y mire lo que dejó después.

Camilo negó.

—Esto siempre fue suyo.

Facundo tomó el sombrero.

—La tierra nunca pertenece completamente a una persona.

Miró hacia el horizonte.

—Solo somos quienes la cuidamos durante un tiempo.

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