—Usted perdió a su hijo. Yo perdí a mis padres. Déjeme trabajar sus tierras.-lbsuong

—Porque algunas cosas parecen muertas solamente hasta que alguien decide no abandonarlas.

Después señalaba el viejo sombrero colgado junto a la puerta principal.

Nadie volvía a preguntar.

Porque todos en aquella finca conocían la historia.

La historia del anciano que perdió a su hijo.

Del joven que perdió a sus padres.

Del becerro que nació cuando todo parecía terminar.

Del depósito construido por un hombre que no alcanzó a verlo funcionando.

Y de dos desconocidos que descubrieron que una familia también puede comenzar después de una pérdida.

Cada amanecer, Camilo caminaba por los campos antes que cualquier trabajador.

Revisaba los canales.

Tocaba la tierra.

Escuchaba a los animales.

Algunas mañanas llevaba el sombrero de Gabriel.

Otras lo dejaba descansando junto a una fotografía de Facundo.

Pero nunca olvidaba aquella primera tarde frente al portón.

Nunca olvidaba al anciano diciéndole que se marchara.

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