—Usted perdió a su hijo. Yo perdí a mis padres. Déjeme trabajar sus tierras.-lbsuong

Se llamaba Lorenzo Barragán.

Camilo estaba reparando un tractor viejo cuando lo vio caminar directamente hacia Facundo.

—Don Facundo.

El anciano no respondió al saludo.

Lorenzo sonrió.

—Veo que consiguió empleado nuevo.

—Veo que usted sigue viniendo sin invitación.

La sonrisa desapareció del visitante.

Camilo dejó la herramienta sobre el suelo.

—Solo vine a hablar de negocios.

—Ya hablamos.

—Eso fue hace meses.

Lorenzo sacó unos papeles de una carpeta.

—Mi oferta sigue en pie.

Facundo ni siquiera miró los documentos.

—Mi respuesta también.

Camilo sintió inmediatamente la tensión.

Lorenzo quería comprar La Esperanza.

Había adquirido varias propiedades vecinas durante los últimos cinco años para desarrollar plantaciones industriales.

Facundo era el último propietario de aquella zona que todavía se negaba a vender.

—Esta finca produce pérdidas —dijo Lorenzo—. Usted lo sabe.

—Producía pérdidas.

El empresario miró hacia Camilo.

—¿Y este muchacho piensa cambiar eso?

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