—Usted perdió a su hijo. Yo perdí a mis padres. Déjeme trabajar sus tierras.-lbsuong

Camilo mantuvo la calma.

—Estamos trabajando.

Lorenzo soltó una carcajada.

—Los milagros cuestan dinero.

Facundo golpeó el suelo con la punta de su bastón.

—Mi finca no está en venta.

Lorenzo guardó lentamente los documentos.

Antes de irse, miró directamente a Camilo.

—Los empleados inteligentes saben cuándo una empresa está condenada.

Camilo respondió sin moverse.

—Los hombres inteligentes también saben cuándo una puerta está cerrada.

Lorenzo entrecerró los ojos.

Después subió a su camioneta.

La nube de polvo permaneció varios segundos después de su partida.

Camilo miró hacia Facundo.

—¿Cuánto debe?

El viejo permaneció callado.

—Don Facundo.

—Más de lo que quisiera.

Camilo sintió un peso en el estómago.

La finca tenía préstamos pendientes.

Los gastos médicos de Facundo después del accidente que le quitó movilidad habían consumido gran parte de sus ahorros.

Había vendido maquinaria.

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