No necesitaba interrogarla más.
Me faltaba una sola cosa.
Saber cuánto sabía mi suegra.
El sábado siguiente llegué temprano a su departamento.
Mientras cortábamos verduras, pregunté:
—Mamá, ¿desde cuándo sabe lo de Rodrigo y Valeria?
El cuchillo dejó de moverse.
Teresa tardó varios segundos en responder.
—No sé exactamente cuándo empezó.
Aquello ya era una confesión.
—¿Desde cuándo lo sabe usted?
Bajó la mirada.
—Unos seis meses.
Sentí algo romperse dentro de mí, pero mantuve la voz firme.
—¿Sabía que Rodrigo le ha transferido más de ciento cuarenta mil pesos?
Entonces sí me miró.
No lo sabía.
Le expliqué que parte de ese dinero había salido de nuestra cuenta matrimonial.
Después pregunté:
—Sólo quiero saber una cosa. ¿De qué lado está usted?
Teresa respiró hondo.
—Mariana, no hagas esto más grande. Lo importante es que la familia no se destruya.