Volví 3 horas antes y encontré a mi madre de 68 años de rodillas fregando el baño, mientras mi marido y mi suegra veían tranquilamente la televisión. Al ver 4 moratones en su muñeca, mi suegra soltó: «Está viviendo aquí gratis». No discutí: cogí a mis hijos, bloqueé las tarjetas y abrí la casa contigua. Entonces ella palideció al ver las ventanas del sótano.

Lucía apoyó el pulgar en la cerradura digital.

La luz se volvió verde.

Álvaro palideció.

—¿Cómo tienes acceso?

—Porque esta casa nunca fue del banco.

Mercedes salió al jardín. No miró a su hijo. Miró directamente a las pequeñas ventanas del sótano.

Y dijo, casi sin voz:

—Tu padre prometió que nadie volvería a abrir ese sótano.

PARTE 2

Lucía se quedó con una mano sobre la puerta.

Rafael llevaba 7 meses muerto. Álvaro le había repetido durante 3 años que la vivienda contigua estaba atrapada en un pleito con el banco. Sin embargo, Mercedes acababa de hablar del sótano como quien recuerda una conversación que nunca debió existir.

—¿Qué sabes tú de mi padre?

Mercedes avanzó un paso.

Lucía cerró casi por completo.

—Ni se te ocurra entrar.

Álvaro levantó las manos.

—Estás mezclando cosas.

—Entonces explícame por qué tu madre conoce una casa que tú asegurabas que estaba vacía.

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