En la declaración, Rafael explicaba que la conversación había ocurrido 3 años antes. Álvaro había insinuado que Carmen empezaba a olvidar cosas y que, «por seguridad», convenía estudiar una figura de apoyo que permitiera a otra persona encargarse de sus cuentas. Mercedes había propuesto incluso que fuera ella quien ayudara, porque «Lucía ya tenía demasiadas responsabilidades».
Rafael se negó.
Después empezó a observar.
Anotó fechas, guardó mensajes y consultó a un notario. Cuando el adosado vecino salió a la venta, lo compró mediante una sociedad patrimonial familiar y lo dejó protegido para Lucía. No quería especular. Quería que Carmen y su hija tuvieran un lugar al que ir si algún día la convivencia se volvía hostil.
No era un plan de venganza.
Era una salida de emergencia.
Lucía subió con la carpeta pegada al pecho.