Nunca celebré ver el restaurante vacío.
Me sentía aliviada de que los niños no volvieran a ser enviados a aquella cocina.
El caso de custodia tardó más.
Brian reconoció ante el tribunal que le había dicho a Emma que obligara a Lily a limpiar el baño y que había firmado las hojas que guardaba su madre.
Bajo la orden temporal, veía a Lily con supervisión.
Empezó terapia.
Solicité el divorcio.
Ninguna de esas decisiones le devolvía a Lily las tardes que pasó intentando ganarse los cuidados que los adultos ya le debían.
Un sábado, Lily preguntó si podía visitar a Emma y a su hermano menor en casa de su madre.
Los tres siempre habían sido muy unidos y Emma había pedido verla.
Organizamos la visita sin Brian.
Cuando fui a recoger a Lily, salió llevando un pequeño animal de papel que Emma le había enseñado a doblar.