Cuando el último coche de Laura y Álvaro dobló la esquina, Carmen no sonrió.
Solo preguntó:
—¿Podemos irnos al hotel esta noche?
—Claro.
Natalia comprendió entonces que recuperar una casa no era lo mismo que recuperar la sensación de estar a salvo dentro de ella.
Durante la semana siguiente no regresaron al chalet.
Carmen descansó. Una médica revisó sus rodillas y le recomendó tratamiento y seguimiento. En el banco bloquearon las tarjetas antiguas, cambiaron las claves y revisaron uno por uno los cargos que ella no reconocía. Natalia abrió un correo exclusivo para los recibos domésticos y retiró a Laura y Álvaro de los contactos autorizados que se habían acumulado durante su ausencia.
También revisaron algo que nadie había considerado importante hasta entonces: quién podía hablar en nombre de Carmen en consultas, quién recibía avisos, quién tenía acceso a determinadas cuentas y a qué teléfono llegaban los códigos de seguridad.