Álvaro la miró.
—No vas a decidir esto ahora.
—Llevo demasiado tiempo dejando que tú decidas todo.
La frase quedó flotando.
Javier redactó un acuerdo sencillo de salida voluntaria. Laura y Álvaro podrían llevarse ropa, documentos y objetos personales esa noche. Volverían al día siguiente, entre las 11:00 y las 14:00, para recoger el resto. Entregarían las llaves y, una vez fuera, el cerrajero cambiaría los bombines y reprogramaría el acceso.
Álvaro se negó durante 15 minutos.
Después miró el salón vacío.
Miró a Laura, que ya estaba haciendo una maleta.
Miró a Carmen.
Y firmó.
Natalia no sintió victoria.
Mientras el cerrajero cambiaba la primera cerradura, observó a su madre sentada en un banco del jardín con una manta sobre los hombros. Pensó en los miles de kilómetros que había entre Madrid y Dubái. En todas las veces que había enviado una transferencia y se había sentido tranquila. En lo fácil que era confundir ayuda con presencia.