Volví de Dubái un mes antes y mi cuñado me abrió la puerta de la casa que compré para mi madre, mientras ella fregaba de rodillas el patio. Él bebía whisky y soltó: «Si vienes a limpiar, entra por detrás». No discutí: llamé a mi abogado y puse los extractos sobre la mesa. Entonces encontré un recibo de farmacia rechazado… y un cargo de 1.180 euros solo 2 horas después.

Javier abrió otra carpeta.

No presentó acusaciones grandilocuentes ni fingió que un extracto bancario resolvía por sí solo quién había realizado cada compra. Explicó algo mucho más incómodo: había movimientos que Carmen negaba haber autorizado, había testimonios, había mensajes, había una situación de presión continuada y había suficiente documentación para que un profesional analizara responsabilidades sin depender de discusiones familiares.

Álvaro soltó una risa seca.

—¿Y qué? ¿Vas a hacer que nos detengan delante de nuestros amigos?

—No —respondió Javier—. Aquí nadie ha venido a montar una película. La cuestión de la vivienda se resolverá por la vía que corresponda. Y la cuestión del dinero se documentará. Son cosas distintas.

Laura se tapó la cara.

—Yo no quería que llegara tan lejos.

Carmen la miró con una tristeza que fue peor que cualquier grito.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *