Javier miró el extracto del mismo día.
Apenas 2 horas después, alguien había gastado 1.180 euros en una boutique de Serrano.
Y Laura susurró:
—Álvaro me dijo que, mientras Natalia estuviera en Dubái, nadie revisaría nada.
PARTE 3
Álvaro giró la cabeza tan deprisa que casi derramó el whisky.
—Cállate, Laura.
Pero ya era tarde.
Los invitados, que hasta entonces habían fingido interesarse por la música y las bandejas de aperitivos, dejaron de hablar. El salón quedó suspendido en un silencio extraño. Carmen estaba junto a Natalia, con las manos aún marcadas por el detergente. Laura tenía los ojos húmedos. Y Álvaro, por primera vez desde que Natalia había llegado, parecía no saber qué papel interpretar.
—No conviertas esto en un circo —dijo él.
Natalia no levantó la voz.
—El circo empezó cuando mi madre tuvo que pedir permiso para comprar sus medicinas en una casa que se compró para ella.