—Prefiero que el primer día entre alguien que necesite una puerta, no alguien que venga a fotografiarla.
3 semanas después llegó una mujer de 29 años con una niña pequeña y 2 bolsas de supermercado llenas de ropa.
—Perdón —dijo—. No tengo maletas.
Laura sintió un nudo en la garganta.
—Las bolsas sirven. Lo importante es que hayas llegado.
También vendió el piso de Madrid donde había descubierto la verdad. Se mudó a un ático más pequeño, con una terraza llena de plantas y una mesa demasiado grande para 1 sola persona.
Le gustaba así.
Los domingos invitaba a Inés, a su tío y a compañeras de la fundación. Había platos desparejados, copas fuera de sitio y conversaciones que duraban hasta tarde.
Nadie revisaba las flores.
Nadie preguntaba cuándo tendría hijos.
Nadie convertía el amor en una deuda.