Álvaro le envió 2 cartas. No abrió ninguna.
Durante meses había imaginado todo lo que le diría si volvía a verlo. Después comprendió que incluso su odio seguía concediéndole demasiado espacio.
Beatriz escribió 1 sola vez:
“Sólo quería asegurar el futuro de mi hijo.”
Laura respondió:
“Para asegurar el futuro de su hijo, intentó robarme el mío.”
No hubo otro mensaje.
1 año después, Laura colocó una placa junto a la entrada de la fundación:
“A Clara y Julián Santamaría, que enseñaron a su hija que proteger a alguien no significa decidir por él, sino dejarle siempre una puerta abierta para volver a casa.”
El viento movía las ramas del pinar. A lo lejos se oían niños riendo durante una actividad.
Laura cerró los ojos.
Durante años había creído que sobrevivir significaba soportar: el duelo, las humillaciones de Beatriz, las mentiras de Álvaro, el miedo a descubrir que había amado a alguien capaz de convertir su dolor en una oportunidad.