Volví de París 3 días antes y me escondí bajo la cama al oír entrar a mi marido con una mujer embarazada. Mientras él acariciaba su vientre, escuché: “Cuando Laura desaparezca, los 18 millones serán nuestros”. No salí ni lloré; llamé a mi abogada y guardé las escrituras. Entonces encontré una carpeta con el nombre de mi padre, fechada 11 días antes del accidente.

Laura aceptó fingir que nada había cambiado.

Horas después recibió un mensaje de Natalia: “Necesito verte. Yo tampoco estoy a salvo”.

Se reunieron en una cafetería llena de gente, cerca de Alonso Martínez. Natalia llegó temblando. Admitió la relación, el embarazo y que sabía lo de los 18 millones. Luego puso su móvil sobre la mesa.

Había grabado a Álvaro.

En un audio, él decía que Laura “firmaría de una forma u otra”. En otro, Beatriz mencionaba un “plan de carretera” como si ya lo hubieran usado antes.

Natalia empezó a llorar.

—Anoche le pregunté qué pasaría conmigo después de cobrar. Me contestó que nadie era imprescindible.

Entonces entregó a Laura una pequeña llave.

—Beatriz guarda una caja en su vestidor. Álvaro cree que yo no sé dónde está.

El domingo, Laura volvió a casa sonriendo. Durante la cena, Álvaro colocó delante de ella el poder notarial.

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