Ahora entendía que también le había robado la interpretación de sus propios recuerdos.
El caso no se resolvió en 1 noche. Hubo peritajes, análisis de comunicaciones, declaraciones y meses enteros de incertidumbre. La investigación reunió nuevos indicios sobre la manipulación del vehículo y sobre las maniobras posteriores destinadas a controlar los bienes de Laura.
Natalia entregó todos los audios.
Laura aceptó verla 1 vez más en una terraza cerca de El Retiro. El embarazo estaba muy avanzado.
—Sabía que Álvaro estaba casado —admitió Natalia—. Me decía que vuestro matrimonio sólo existía por negocios, pero yo sabía que vivíais juntos. Y cuando me habló del dinero, pensé en la casa que podríamos comprar, en mi hijo, en no preocuparme nunca más.
—¿Sabías lo de mis padres?
—No. Cuando lo escuché quise pensar que exageraba. Luego le pregunté qué pasaría conmigo después de cobrar. Me dijo que nadie era imprescindible.
Natalia bajó la mirada.
—Entendí que, cuando terminara contigo, yo podía ser el siguiente problema.
Laura permaneció en silencio.
—No espero que me perdones.
—No puedo hacerlo.
Natalia asintió con lágrimas.
—Pero tu hijo no tiene culpa de nada —añadió Laura.
No la abrazó. Tampoco la insultó. Había descubierto que poner un límite no exigía parecerse a quienes la habían herido.
La investigación económica reveló después por qué Álvaro tenía tanta prisa. Arrastraba deudas enormes por inversiones fallidas y había ocultado parte de ellas mediante sociedades de conocidos. Necesitaba el dinero de la finca para mantener la vida que fingía tener.
Beatriz conocía buena parte de aquellas deudas. Para ella, vender el terreno era la manera de salvar a su hijo. También había aceptado a Natalia porque su embarazo representaba, según había dicho, “la familia que Laura nunca le dio”.
Esa frase dolió de una forma distinta.
Durante años, Beatriz había convertido cada comida en una insinuación sobre hijos. Si Laura rechazaba una copa, preguntaba si había “noticias”. Si una amiga anunciaba un embarazo, suspiraba. Laura había terminado sintiendo que su cuerpo debía una explicación.
Ahora veía el mecanismo completo.
Álvaro no había construido un matrimonio.
Había construido un acceso.
Con el avance del proceso judicial, se establecieron responsabilidades por las maniobras patrimoniales y por los hechos vinculados al accidente. La resolución no devolvió a sus padres ni borró los años de engaño, pero desmontó la versión que Álvaro había usado para gobernar la vida de Laura.