—Alguien que llevaba años llegando tarde.
Abrió la puerta. Inés entró acompañada por 2 agentes de policía judicial y por Sergio Lamas, antiguo encargado de un taller de Toledo.
Álvaro lo reconoció al instante.
—¿Qué significa esto?
—Que no voy a firmar nada —respondió Laura.
Inés explicó que la documentación entregada esa mañana había permitido solicitar diligencias urgentes por una posible falsificación, un intento de apropiación patrimonial y nuevos indicios relacionados con el accidente de los padres de Laura.
Álvaro se rio con rigidez.
—No hay ninguna prueba.
Laura lo miró sin temblar.
—Regresé el jueves. Estaba debajo de nuestra cama cuando entraste con Natalia y tu madre.
Beatriz perdió el color.
—Escuché lo del bebé, los 18 millones, el poder y cómo presumías de haber tocado 1 pieza del coche de mis padres.
—Estás sacando frases de contexto.
—Entonces explícalas ante quien corresponde.
Sergio había trabajado 22 años en aquel taller. Recordaba a Álvaro porque, poco antes del accidente, apareció con el coche del padre de Laura diciendo que quería revisar un ruido. Días después volvió solo y ofreció dinero para usar el elevador sin supervisión. Sergio se negó.
—Ese hombre puede inventar lo que quiera —dijo Álvaro.
—Y tú puedes defenderte —respondió Laura—. Lo que ya no voy a hacer es protegerte.
Las diligencias continuaron durante horas. En el vestidor de Beatriz apareció la caja que Natalia había descrito. Dentro había pólizas, rutas impresas, correos antiguos, fotografías del vehículo y documentos sobre los bienes de la familia Santamaría.
Entre ellos había un borrador de modificación testamentaria.
Semanas después, en el despacho de Inés, Laura descubrió la verdad que Álvaro había deformado durante años.
Su padre no pretendía desheredarla ni controlar su matrimonio. Quería proteger determinados bienes durante un periodo porque desconfiaba del interés de Álvaro por las fincas y por la liquidez de Laura. En una nota dirigida a su abogado había escrito:
“Pregunta demasiado por el patrimonio de Laura. No quiero decidir a quién ama, pero sí evitar que alguien convierta ese amor en una forma de vaciar su futuro.”
Laura pasó los dedos por la firma de su padre.
Después del accidente, Álvaro le había repetido que sus padres nunca respetaron sus decisiones. Había utilizado el duelo para presentarse como el único hombre que confiaba en ella.