PARTE 3: La escritura no era una cesión del pedacito de atrás. Era la escritura completa de la casa y de todo el terreno de mis papás.
Dos hojas con sellos, con la firma temblorosa de Doña Lupe y su huella al lado, y abajo la firma de Fernanda Reyes como nueva propietaria. Fecha: hacía 8 meses.
Mi mamá no sabía leer bien. Solo llegó hasta tercero de primaria. Fernanda la llevó con un notario de Atlixco, un notario que resultó ser compadre de su esposo. Le dijo que era un trámite para que le siguiera llegando su pensión del Bienestar, que si no firmaba se la iban a quitar. Le hizo poner la huella con tinta morada.
• Yo le dije que no quería, mijo - me decía mi mamá agarrándome el brazo -. Me dijo que si no firmaba, tú te ibas a enojar conmigo y ya no me ibas a mandar nada y que me iba a quedar solita. Yo firmé por miedo.
La licenciada Gabriela pidió un receso y me llevó al patio.
• Esto es fraude y abuso de persona adulta mayor. Tu mamá tiene 74 años, está en situación de vulnerabilidad, hay violencia económica y psicológica. Además, vamos a pedir la nulidad por vicio del consentimiento. Tu mamá no sabía lo que firmaba y fue engañada. Y el notario va a tener que responder.
Esa tarde fuimos a la casa de Fernanda. Tiene una casa de dos pisos recién pintada, con vitropiso, con una sala enorme y un salón de uñas que puso hace un año que se llama "Fernanda Nails". Todo eso salió de mis 50 mil pesos al mes. Todo.
Fernanda salió con su esposo, el tal Beto.
• ¿Ahora qué quieres? ¿Ya vienes con abogada? ¡Qué ridículo! ¡Esta es mi casa!
• No, Fernanda. Esta sigue siendo la casa de mi mamá. Y tengo 60 comprobantes de 50 mil pesos que te deposité a ti para ella. Tres millones de pesos que nunca le diste. ¿Dónde está ese dinero?
Beto se puso nervioso.
• Eso es mentira, nosotros...
La licenciada interrumpió:
• Tenemos los estados de cuenta donde cada mes caían los 50 mil y a los dos días salían en compras en Liverpool, en viajes a Cancún, en depósitos para la camioneta y en materiales para esta casa. La señora Lupe, en cambio, tiene una libreta de deudas en la tienda de abarrotes por 4 mil 800 pesos.
Fernanda se derrumbó, pero no de arrepentimiento. De coraje.
• ¡Pues yo me lo merecía! ¡Yo fui la que se quedó! ¡Tú te fuiste a Querétaro a vivir como rico y a mí me dejaste el paquete! ¡Yo cambié pañales, yo la llevé al doctor, yo aguanté sus achaques! ¡El dinero era mi pago!
Mi mamá, que había llegado con nosotros porque no la quise dejar sola, habló por primera vez fuerte.
• Yo nunca te pedí que me cobraras por cuidarme, Fernanda. Yo te pedí que me quisieras. Y me quitaste hasta la carta que me mandaba tu hermano. Me dijiste que ya no me escribía.
Ahí entendí lo peor. Durante 5 años yo le mandaba audios, le mandaba fotos, le escribía cartas que Fernanda imprimía. Mi hermana nunca se las dio. Le decía a mi mamá que yo ya tenía otra familia, que ya se me había olvidado el pueblo. Por eso mi mamá pedía fiado y no me decía nada. Por vergüenza. Porque creía que yo la había abandonado.
La licenciada metió la demanda por violencia familiar, fraude y administración fraudulenta. El juez de Cholula dictó medidas: la casa y el terreno quedaron congelados, no se podían vender. Se ordenó un peritaje grafológico y psicológico. El peritaje salió a favor de mi mamá. El notario de Atlixco perdió su patente por prestar su firma sin explicar el acto a una adulta mayor.
Seis meses después, la escritura fue anulada. La casa volvió a nombre de Doña Lupe. Fernanda tuvo que firmar un convenio de reparación: devolver 1.2 millones, que era lo que se pudo rastrear en sus cuentas, y pagar la deuda de la tienda y del centro de salud.
No la metí a la cárcel. Mi mamá no quiso.
• Que Dios la perdone, mijo. Yo solo quiero vivir en paz.
Hoy mi mamá vive conmigo en Querétaro, pero cada mes regresa a San Lorenzo. Reconstruimos su cocina, le pusimos un tinaco nuevo, le pagamos todo lo que debía en la tienda de Don Chema. Don Chema lloró cuando le pagué la libreta completa.
• Su mamá es una santa, joven Emiliano. Nunca habló mal de su hija, aunque se estuviera muriendo de hambre.
Fernanda vendió su camioneta y cerró el salón de uñas. Vive ahora en casa de su suegra. A veces le manda mensajes a mi mamá. Mi mamá los lee, pero ya no los contesta rápido.
Ayer mi mamá me dijo algo que no se me va a olvidar:
• Mijo, el hambre duele un día. Pero que tu propia hija te haga creer que tu hijo ya no te quiere, eso duele toda la vida.
Si tienes a tu mamá viva, no mandes solo dinero. Ve. Llámala. Escúchala. Porque hay hijos que cuidan y hay hijos que cobran por cuidar. Y a veces, el que está lejos quiere más que el que vive al lado.
Volví sin avisar a mi pueblo y encontré a mi mamá de 74 años rogando que le fiaran 1 kilo de arroz. Yo llevaba 5 años mandándole 50 mil pesos al mes a mi hermana para que no le faltara nada. Cuando cancelé todo y llamé a una abogada, apareció la escritura de su casa con su huella.