añé!
Fue entonces cuando entendí que el kilo de arroz fiado era lo de menos. El control que mi hermana tenía sobre mi madre era total. Le quitó el dinero, le quitó la tierra, pero sobre todo le quitó la voz. Le había hecho creer durante 5 años que yo la había abandonado, que yo ya no la quería, que yo solo mandaba dinero por lástima.
Le marqué a la licenciada.
• Licenciada, ya tengo algo. Mi hermana tiene una cesión de derechos firmada por mi mamá.
• No toques nada. Voy para allá mañana a primera hora con un perito. Y Emiliano, pregúntale a tu mamá si hay más papeles que haya firmado.
Mi mamá me agarró la mano temblando.
• Hay una escritura, mijo. Una que guardó Fernanda en su casa. Me hizo poner mi huella.
Esa noche no dormí. Al día siguiente, a las 9 de la mañana, la licenciada Gabriela llegó con una carpeta y me dijo:
• Emiliano, lo que me vas a enseñar ahora puede cambiarlo todo. ¿Estás listo para ver lo que tu madre firmó realmente?