—Se iban a devolver.
—¿Y las compras con su tarjeta?
—Vivíamos todos allí.
Elena inclinó ligeramente la cabeza.
—No. Vosotros vivíais allí. Mamá trabajaba allí.
Eva apretó los labios.
Por primera vez, Pilar levantó la vista.
—Me dijiste que Elena podía vender la casa si yo la preocupaba.
Eva palideció.
—Mamá, lo entendiste mal.
—Me dijiste que podía quedarme sin nada.
—Yo solo quería evitar un conflicto.
Pilar miró sus propias manos.
—Y para evitarlo me hiciste creer que debía agradecerte que me dejaras dormir en una habitación junto al garaje.
La sala quedó en silencio.
Eva comenzó a llorar, pero Pilar no se movió para consolarla. Ese pequeño gesto fue más fuerte que cualquier grito.
Inés explicó lo que ocurriría a continuación. La ocupación de la vivienda debía resolverse respetando el procedimiento legal. Las cantidades desviadas serían reclamadas. La autorización bancaria quedaría anulada. Se establecería una cuenta protegida para Pilar y cualquier disposición importante necesitaría controles claros.