—Doctora Valdés, tenemos que entrar ya —avisó una enfermera desde la puerta.
Laura dobló la nota.
No gritó.
No llamó a Javier.
No enfrentó a Inés.
La guardó dentro de su casillero, cambió de bata y entró al quirófano.
Inés ya estaba preparada junto a la mesa.
Al verla, habló con absoluta normalidad.
—La presión está empeorando. No podemos esperar.
Laura ni siquiera respondió.
Se acercó al paciente y revisó las imágenes.
Después levantó la vista hacia su rostro.
El hombre estaba inconsciente. Tenía parte de la frente cubierta y una antigua cicatriz junto a la ceja izquierda.
Laura sintió un vuelco en el pecho.
Conocía aquella cicatriz.
La había visto cientos de veces cuando tenía 25 años.
Miró el expediente.
Marcos Robles Martín.
44 años.
Laura tuvo que agarrarse ligeramente al borde de la mesa.
Marcos había sido su primer gran amor.