A las 3:12 de la madrugada estaba vendada de pies a cabeza en la UCI cuando la amante de mi esposo entró y sonrió: “¿Todavía sigues viva?”. Tenía tres costillas fracturadas y apenas podía respirar, pero no grité. Solo la miré en silencio. Horas después, mi esposo llegó con 5 millones y una condición relacionada con nuestro hijo que convirtió aquella golpiza en algo todavía peor.

—Si necesitas conocer el apellido de una mujer para respetarla, entonces nunca la respetaste.

Se quedó callado.

Me marché.

Semanas después recibí una noticia inesperada.

Renata estaba embarazada.

Y Alejandro quería renegociar la custodia.

Mauricio llegó a casa de mis padres con los documentos.

—Está dispuesto a entregarte la guarda y custodia exclusiva de Mateo y aportar treinta millones de pesos para su manutención futura.

Sofía frunció el ceño.

—¿Así nada más?

—No exactamente —respondió Mauricio—. Quiere que Valeria renuncie a cualquier reclamación patrimonial pendiente del matrimonio.

No tuve que pensarlo demasiado.

—Quiero a Mateo.

—Legalmente podemos pelear por más.

—No quiero pasar años peleando por departamentos, autos ni acciones. Quiero estabilidad para mi hijo.

Mauricio asintió.

—Entonces agregaré condiciones para protegerlo.

La reunión final se celebró en Grupo Cárdenas.

Cuando entré, Alejandro parecía haber envejecido cinco años en unos meses.

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