«Qué felicidad que Julián finalmente pueda mudarse contigo».
Otra preguntaba:
«¿Ya resolvió lo de su divorcio?».
Isabel había respondido:
«Sí, todo quedó atrás. Ahora empieza nuestra verdadera vida».
Me quedé mirando aquellas palabras.
Julián no solamente me estaba engañando. También le había hecho creer a Isabel que nuestro matrimonio ya había terminado.
No sabía cuánto tiempo llevaban juntos.
Ni qué historia le había contado sobre mí.
Pero estaba claro que la vida que planeaban en Londres no era una improvisación.
Habían preparado una casa.
Una habitación para el bebé.
Y un futuro en el que yo no existía.
La noche antes de su partida
Julián regresó a casa alrededor de las nueve.
Traía comida de nuestro restaurante favorito.
—Pensé que podríamos cenar tranquilos —dijo—. Mañana será un día difícil.