Abracé a mi esposo en el aeropuerto mientras se despedía para viajar a Londres por tres años. Él no sabía que yo había descubierto lo que escondía en su maleta.

Faltaban dos días para su partida.

Julián había salido a una reunión y me pidió que terminara de preparar su equipaje.

—Dejé unas camisas en el armario. ¿Puedes guardarlas? —me dijo antes de marcharse.

Abrí la maleta grande que estaba sobre nuestra cama.

Ya había colocado varios trajes, zapatos y documentos.

Mientras acomodaba una camisa, descubrí que uno de los compartimentos interiores estaba mal cerrado.

Dentro había una carpeta azul.

Pensé que contenía los documentos del supuesto contrato.

La saqué para acomodarla mejor.

Pero al abrirla vi dos pasaportes.

El primero era de Julián.

El segundo pertenecía a una mujer llamada Isabel Moreno, de 35 años.

Debajo encontré dos boletos de avión.

Ambos tenían como destino Londres.

El mismo día.

El mismo vuelo.

Uno estaba a nombre de Julián.

El otro, a nombre de Isabel.

Sentí un nudo en el estómago.

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