Pero me detuve.
Si lo enfrentaba sin comprender qué estaba ocurriendo, podía darle tiempo para ocultar documentos o modificar sus planes.
Así que tomé fotografías de todo.
Guardé la carpeta exactamente como la había encontrado.
Y llamé a una persona en quien confiaba.
Mi hermana mayor, Laura.
«No le digas todavía que lo sabes»
Laura llegó a mi casa una hora después.
Le mostré las fotografías.
Primero se quedó en silencio.
Después me abrazó.
—Claudia, tenemos que actuar con cuidado.
—Quiero preguntarle cómo pudo hacerme esto.
—Y tendrás derecho a hacerlo. Pero primero protege lo que también es tuyo.
Mi hermana conocía a una abogada especializada en asuntos patrimoniales.
Conseguimos una cita para esa misma tarde.
La abogada, Verónica Salas, revisó los documentos que yo había fotografiado.
Me hizo varias preguntas sobre la empresa, las cuentas y las autorizaciones que Julián había intentado conseguir.