—No sabía que vendría.
Nuria dejó la copa.
—Si molesto, me voy.
Álvaro la miró. Ella no había cambiado. Él sí.
—No molestas tú —dijo—. Molesta que mi madre siga utilizándote para atacar a mi esposa.
Carmen se levantó de golpe.
—¡No exageres!
—Lucía vio los mensajes.
El rostro de Carmen perdió color.
—¿Te revisa el móvil ahora?
—No cambies el tema.
—Yo solo quería abrirte los ojos.
—Pues los abriste.
—¿Y qué has visto?
Álvaro respiró hondo.
—Que durante años dejé que Lucía cargara con todo porque me convenía. Y que tú llamabas “mediocre” a la persona que hacía mi vida más fácil.
Carmen apretó los labios.
—Nuria sí podría impulsarte.
Nuria se removió incómoda.
Álvaro soltó una risa sin humor.
—¿Impulsarme hacia dónde? ¿A ser un hombre que necesita que su madre le busque pareja?