Capítulo 2: La cuarta fotografía

El viaje a Villamar era real y era una tapadera, las dos cosas a la vez. Real: Margaret vive allí desde hace ocho años, con una sobrina, y el número que mamá me dio era el de su antigua casa, «porque si llamabas y salía ella, no habría preguntas». Tapadera: en Villamar está la Clínica Santa Ana, donde le confirmaron lo que su médico de aquí ya sabía, y donde le dijeron, con la carpeta que sujeta en la tercera fotografía, que no hay operación que la salve.—¿Y los tres días? —pregunté—. ¿Por qué volvió tres días antes y no me lo dijo?

La directora abrió una carpeta fina. La carpeta de mamá.

—Porque quiso ver primero la habitación —dijo—. Quiso dormir tres noches aquí, probar la comida, conocer a las enfermeras. Quiso decidirlo ella, como ha decidido todo. La bolsa azul está en su armario. La habitación ocho está pagada y reservada a su nombre. Y nos dejó una instrucción firmada que llevo tres días esperando no tener que enseñarle a nadie tan pronto.

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