—Lo sé. Y le pido perdón.
Justo entonces regresó la azafata.
Llevaba un pequeño sobre azul en la mano.
—Lo he encontrado. Se había caído debajo del asiento y se deslizó hasta la fila de atrás.
Linda tomó el sobre con ambas manos.
Sacó una fotografía antigua y un pequeño papel.
En la fotografía aparecía Emily sonriendo mientras abrazaba a su madre.
Y en el papel, escrito con la letra de su hija, se podían leer estas palabras:
«Mamá, si algún día ya no estoy a tu lado, prométeme que seguirás viviendo, que volverás a reír y que harás nuevos amigos. Yo siempre estaré contigo».
Linda lloró como si quince años de dolor acumulado estuvieran saliendo de golpe de su corazón.
Puse mi mano sobre su hombro.
—Su hija era una joven muy sabia.