—Estoy embarazada.
—Precisamente por eso deberías aprender a no montar problemas —respondió él.
Álvaro la sujetó de los brazos y la obligó a inclinarse. Lucía intentó apartarse para proteger el vientre. Carmen comenzó la agresión mientras repetía que una mujer casada no podía “poner a su familia en contra de su marido”. Lucía pidió que pararan, no por ella, sino por el bebé.
No pararon.
Cuando todo terminó, la dejaron sola junto al lavadero. Lucía apenas podía incorporarse. Avanzó como pudo hacia el portón negro que daba a la calle. Entre las rendijas distinguió 2 figuras inmóviles al otro lado.
Había gente mirando.
Nadie abrió.
Minutos después, una vecina llamada Rocío escuchó sus quejidos desde la casa contigua y llamó a emergencias. En el hospital, mientras los médicos comprobaban el estado del embarazo y documentaban las lesiones, un facultativo le hizo una pregunta sencilla: