—¿De verdad me echas por ella?
—Cambiaste la cerradura y sacaste las cosas de Mónica. Sí, mamá, tienes que irte.
Elvira tomó el bolso del perchero, dejó el manojo de llaves nuevas sobre la cómoda y dijo que no olvidaría ese día. No pidió perdón. Esperó unos segundos más, pero Adrián no se movió de la puerta.
Lo que le pedí
Cuando se fue, Adrián se agachó a recoger las bolsas. Las metió dentro las tres, junto con el bolso de la maternidad y mis zapatillas, y empezó a doblar la ropa arrugada. El jersey que había colgado en la escalera lo puso encima del resto.
—Perdóname, Mónica.
—Cuando supiste lo que había hecho, podías haberla detenido. Tuviste tiempo antes de ir a buscarnos.
Se quedó con las manos en el borde de la bolsa.
—Me resultó más fácil creer que se arreglaría cuando llegáramos. No discutir yo con ella.