Abigail lo recibió como si fueran viejos conocidos.
—Gracias por venir tan rápido.
Eso me llamó la atención.
Subimos.
Papá estaba sentado en la cama.
Abigail permaneció junto a la puerta.
El doctor Price empezó a hacer preguntas.
—Señor Hale, ¿sabe qué día es?
Papá miró la pared.
—Martes.
Era miércoles.
—¿Sabe quién es este hombre?
Señaló hacia mí.
Papá frunció el ceño.
—Mi hermano.
Sentí un nudo en el estómago.
Abigail me tocó la espalda.
—Lo siento.
Yo bajé la mirada.
Pero entonces vi algo.
El pulgar de papá golpeaba suavemente su rodilla.
Tres veces.
Pausa.
Dos.
Era parte de nuestro viejo código.
ACTÚO.
Tuve que contenerme.
El doctor siguió.
Después pidió hablar con Abigail en privado.
—Quiero quedarme —dije.
Ella dudó.
—Samuel, quizá sea difícil escuchar esto.
—Es mi padre.
El doctor aceptó.
Abigail describió episodios de confusión.