Después de caer por la escalera, recuperé la vista tras 7 años y vi por primera vez al niño que llamaba hijo: no se parecía a mí, sino a mi cuñada, mientras mi marido corría a protegerlo. Oí a Álvaro decir: «Mañana habrá terminado todo». No lloré: guardé 2 cabellos y pedí una prueba de ADN. Esa noche apareció un correo: «Sofía, seguimos buscándote». –

Al día siguiente sufrió el accidente.

El choque había sido real.

Pero todo lo ocurrido después había sido una cadena de decisiones.

El embarazo de Sofía no llegó a término.

Meses más tarde Martina dio a luz a Nicolás.

Sofía seguía con problemas de memoria y sin visión útil.

Álvaro vio una oportunidad.

Le hicieron creer que Nicolás era el bebé que había llevado en el vientre.

Martina se instaló en la vivienda fingiendo ser únicamente una cuñada que sacrificaba su vida para ayudarlos.

Y Álvaro empezó a controlar cada aspecto de Sofía.

Sus teléfonos.

Sus visitas.

Las cartas.

Las cuentas.

Los médicos.

Incluso las personas que podían acercarse a ella.

Cuando Sofía preguntaba por su padre, Álvaro repetía que ya no estaba.

Cuando intentaba recordar el accidente, él cambiaba de tema.

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