—¡Porque tu padre siempre me trató como si yo no fuera suficiente!
Ernesto dio un paso adelante.
—Eso no te daba derecho a aislarla.
—¡Yo estuve con ella cuando perdió la vista!
—Y utilizaste precisamente eso.
—¡La cuidé!
Sofía negó lentamente.
—No. Me administraste.
Aquella frase dejó el salón en silencio.
Entonces alguien apareció junto a la puerta.
Nicolás.
Llevaba el uniforme del colegio y una pequeña mochila.
Una empleada acababa de recogerlo porque Álvaro había pedido que volviera temprano.
Nadie sabía cuánto había escuchado.
—¿Sofía no es mi mamá?
Martina se llevó una mano a la boca.
Álvaro se levantó.
—Nico, sube a tu habitación.
—No.
Era la primera vez que Sofía escuchaba al niño enfrentarse a su padre.
Nicolás miró a Martina.
—¿Tú eres mi madre?
Martina se arrodilló.
—Sí.
—Pero eres mi tía.